Por qué «dejar ir» no funciona y qué sí funciona
¿Tú también lo has oído tantas veces? O peor aún: ¿se te ocurre decírselo a tus clientes? «Déjalo ir...» , «Solo tienes que soltar esa tensión por un momento...» , «Deja que ese miedo se vaya...».
Te voy a sacar de la nube de una vez: no funciona en absoluto.
Y en este artículo te voy a explicar con todo detalle por qué todo ese «bombo publicitario del "dejar ir"» es una auténtica tontería, por qué con eso vas completamente por el camino equivocado y (lo que es más importante) qué es lo que sí debes hacer para ayudar realmente a tu cliente a transformarse. Porque, créeme, en cuanto comprendas este cambio, empezarás a obtener resultados que dejarán boquiabiertos a tus clientes (y a ti mismo).
Vea el vídeo:
Por qué «dejar ir» es una ilusión
Empecemos por el principio. ¿Por qué «dejar ir» es una sugerencia tan errónea?
Es muy sencillo. Cuando le dices a alguien que debe «dejar ir» su miedo, estrés o inseguridad, le estás sugiriendo que tiene ese sentimiento. Como si fuera un objeto tangible que lleva en algún lugar de su bolsillo.
He escrito un libro muy interesante sobre este tema (por cierto, totalmente recomendable; si aún no lo tienes, ¡cómpralo ya!): «No lo tienes, lo haces». En él explico exactamente por qué ese cambio de «tener» a «hacer» es la clave absoluta para el cambio.
Mira, tomemos este ejemplo. Imagina que tengo un bolígrafo en la mano. ¿Cómo lo suelto? Sencillo. Abro los dedos, la gravedad hace su trabajo, el rotulador cae al suelo y ya no lo tengo en la mano. ¿Por qué es posible? Porque ese rotulador es una cosa. Un objeto físico.
¿Pero el miedo? El miedo no es una cosa. El miedo no es un bolígrafo que puedas dejar sobre la mesa un momento. No puedes agarrar el miedo, así que tampoco puedes soltarlo. Si tu cliente dice: «Sí, pero Edwin, ¡es que sí tengo miedo!», yo le respondo: «No, no, no, no lo tienes. Lo estás haciendo».
Esto no es un simple truco semántico. Es la base del funcionamiento de nuestro cerebro y nuestro sistema nervioso.
De «tener» a «hacer»: el cambio mágico
El miedo no es una cosa, es un estado. Un sentimiento. Y «sentimiento» tampoco es (sí, has prestado bien atención) un sustantivo, sino un verbo: sentir. Te sientes con miedo.
Quizá ahora estés pensando: «Qué bien, Edwin. Ahora le llamamos de otra forma, pero ese miedo sigue ahí».
Así es. Pero gracias a este pequeño cambio en el lenguaje, ocurre algo mágico en el cerebro de tu cliente. De repente, surge una opción.
Si tienes algo, eres víctima de ello. Estás atado a ello. Pero si haces algo, puedes decidir hacer otra cosa. Porque también puedes sentir otra cosa.
Y no cometas ahora el error de decir: «Vale, entonces tenemos que buscar la seguridad». Porque, ¿dónde está entonces esa seguridad? ¿Alguna vez has visto la seguridad por ahí? ¿Está quizá en un rincón de la habitación? ¿Debajo del sofá? ¿Detrás del armario? No, claro que no. Porque la seguridad tampoco es algo que se pueda tener. Pero sí que puedes sentirte seguro.
En cuanto dejamos de tratar las emociones como «cosas que debemos soltar» y empezamos a verlas como procesos y estrategias que «ponemos en práctica», se abre el camino hacia un cambio real. Y desde ese estado activo de sentir, de repente se hacen posibles técnicas maravillosas.
Las investigaciones también demuestran que afrontar los problemas de esta manera resulta más eficaz que «reprimirlos»[1].
La técnica de «cambio de perspectiva»: ¿cómo funciona?
Si sentir es una estrategia activa del sistema nervioso, entonces también podemos reprogramar esa estrategia. Una de las formas más poderosas de hacerlo es la técnica de inversión de emociones.
Ten en cuenta que, al igual que con todas las técnicas, esto no funciona exactamente igual para todo el mundo en todo momento. Pero si utilizas el enfoque adecuado y «vendes» la técnica de la forma correcta a tu cliente (porque sí, tienes que saber vender tus intervenciones, ya volveré sobre esto más adelante), el resultado es fenomenal.
¿Cómo funciona esta estrategia en la práctica?
Cuando tu cliente siente miedo, lo hace de una manera específica. El sistema nervioso envía señales. Esa sensación se localiza en algún lugar del cuerpo, por ejemplo, como un nudo en la garganta o un nudo en el estómago.
Paso 1: Localizar y determinar el sentido de giro
Pregunta a tu cliente dónde se localiza exactamente esa tensión o ese miedo. Supongamos que está en el pecho. A continuación, pregúntale: «Si esa sensación girara, ¿cómo lo haría? ¿Giraría hacia delante, como si te dieras la vuelta? ¿O te agarraría por la garganta y giraría hacia atrás?».
El cerebro tiene que responder a esto. Y es que el sistema nervioso siempre tiene una dirección cinética determinada en la que fluye la energía. Supongamos que el cliente dice: «Va hacia atrás».
Paso 2: Mostrar tus colores
Pregunta ahora: «Imagina que tuviera un color, ¿qué color sería?». Supongamos que el cliente responde: «Rojo».
¿Qué estamos haciendo ahora? Estamos dirigiendo el cerebro. En este momento, el cliente ya se encuentra en un estado leve de hipnosis. ¿Por qué? Porque está alucinando activamente un color y una dirección de giro asociados a una sensación física. Eso es fantástico, porque ahora tenemos el control.
Paso 3: El cambio de perspectiva
Ahora das la instrucción: «Vale, imagina que sacamos esa sensación por un momento. Cambiamos la dirección. En lugar de hacia atrás, ahora la hacemos girar hacia delante. Y cambiamos el color. Pongámoslo azul. Y ahora deja que esa energía azul gire muy rápido en la otra dirección».
¿Qué ocurre en el cerebro? El cerebro se confunde por completo. El cerebro tenía la asociación neurológica: miedo = luz roja en marcha atrás. Ahora, de repente, aparece una sensación azul que avanza hacia delante. El cerebro piensa: «Un momento, esto no cuadra. Esta no es la autopista neurológica del miedo. Esto tiene que ser otra cosa». La antigua asociación se interrumpe de inmediato.
Las visualizaciones también tienen un efecto muy potente sobre las emociones[2].
Paso 4: La asociación positiva (estado de recurso)
A continuación, haz que el cliente recuerde un momento en el que se sintiera realmente a gusto. Completamente relajado, seguro y lleno de energía.
Deja que se sumerja por completo en ese momento. «Asociado», como lo llamamos. Eso significa: mirar a través de tus propios ojos, oír lo que oíste entonces, oler lo que oliste y dejar que esa maravillosa sensación fluya por todo el cuerpo. Asigna también un color a esta sensación. Digamos que sea un amarillo radiante.
Paso 5: La reprogramación neurológica (Collapsing Anchors)
Mientras el cliente se encuentra inmerso en esa sensación amarilla y reconfortante, le haces recordar, con esa sensación en su cuerpo, la situación en la que antes sentía miedo.
¿Qué ocurre desde el punto de vista neurológico? El cerebro establece a gran velocidad una nueva conexión (una autopista) entre el antiguo estímulo y la nueva sensación de bienestar. La antigua conexión con el miedo queda anulada. Si repites esto correctamente varias veces seguidas, entrenas al sistema nervioso para que, a partir de ahora, se sienta automáticamente bien y tranquilo en esa situación que antes te daba «miedo». ¡El miedo, sencillamente, ya no se puede evocar!
En el cerebro ocurren muchas cosas cuando reinterpretas algo, como ocurre con este ejercicio[3].
Por qué debes aprender a «vender» tus estrategias
Ahora te oigo pensar: «Edwin, esto suena fantástico, pero si le propongo esto a un cliente que lleva veinte años padeciendo un trastorno de ansiedad grave, ¿no me tomará por loco?».
¡Y en eso tienes toda la razón! Si de repente, sin más, dices: «¡Vaya, vamos a darle la vuelta a tu miedo y a pintarlo de azul!», tu cliente no se sentirá tomado en serio en absoluto. Y con razón.
Por cierto, con los niños esto funciona de maravilla. A ellos no hay que explicarles nada. Todavía tienen una imaginación muy viva y se dejan llevar al instante. ¿Pero los adultos? Estos tienen barreras, escepticismo y dudas.
Por eso debes aprender a vender una técnica. En nuestras formaciones le dedicamos muchísima atención a este aspecto. De hecho, siempre trabajamos con un principio muy importante:
- Marvel
- Creer
- Sanar
Solo se puede alcanzar la sanación o el cambio si el cliente cree en ello. Pero para que crea, primero debe sorprenderse. Hay que eludir su mente crítica haciéndole experimentar algo que no pueda explicar. Solo entonces su mente estará abierta a la sugerencia de que el cambio es posible de forma inmediata.
El arte consiste en presentar estas técnicas de tal manera que el cliente piense: «Un momento… ¿qué está pasando aquí?». En cuanto surge esa sensación de asombro, la resistencia desaparece y el sistema nervioso puede integrar los nuevos patrones saludables a gran velocidad.
Deja de intentar «dejar ir» y empieza a sentirte de otra manera
Así que, querido terapeuta, coach o profesional de la salud: acordemos a partir de hoy que eliminaremos la palabra «dejar ir» de nuestro vocabulario. No ayuda a tu cliente, solo le frustra porque está intentando hacer algo que es física y mentalmente imposible.
Deja de hablar de «dejar ir». En su lugar, ayuda a tu cliente a sentirse de otra manera. Devuélvele el control sobre sus propios procesos internos y estrategias.
Por supuesto, este tipo de técnicas no se aprenden en cinco minutos leyendo un texto. En nuestros cursos dedicamos sin dudarlo un día entero a practicarlas para dominarlas realmente bien.
Porque (sobre todo al principio) es mucho más fácil pasar por este proceso con un terapeuta experimentado que te guíe, que intentarlo por tu cuenta en el sofá de casa. Pero ahora ya tienes las bases.
Ponte a experimentar con ello. Aplícalo, pruébalo y observa qué ocurre cuando cambias el lenguaje de «tener» a «hacer».
Aprender esta técnica
Podrás aprender esta técnica en la formación del Instituto de Hipnosis de los Países Bajos. ¿Te preguntas si estos conocimientos te convienen? Ven a una clase magistral gratuita sobre hipnosis.
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Fuentes: